No traigo un Yo de repuesto ni Recetas Salvavidas /Solo un Crónico lanzarme al Vacío

lunes, 14 de abril de 2014

Castañas en almíbar de verdad

En mi entrada anterior me resistía a subir las fotos del despelote de mi casa.
Me daba mucha vergüenza mezclado con un tremendo sentimiento de que iba a arruinar la estética de mi blog sin retorno. Y no, no era por el desorden, porque eso no era mi culpa. Era más bien por la horrible calidad de las fotos. Con muy poca luz porque vivimos en modo nublado hace semanas, y con las pilas recargables de la cámara agonizando, no había chance de sacarle una buena foto a algo que de por sí es feo.
Tanto lo quise evitar que hasta me armé un album en Picassa como para poner el link y zafar. Pero cuando vi las fotos ahi subiditas no me parecieron taaaan tremendas asi que al final fueron al blog. La cosa es que ahora no sé como eliminar ese album público de Picassa, pero en fín, tampoco me voy a morir por eso.
El año pasado cuando me encontré con Silvia, me preguntó por la receta de las castañas en almibar. En aquel momento las hacía a ojo, y no era como las demás recetas que hago así a mi manera y que siempre me salen bien. Esta me salía una vez más o menos, otra vez capaz, otra muy mal, y así.
Este año decidí darle un poco más de importancia al asunto. Para empezar, a no dejar pasar la temporada de castañas, que es super breve e intensa. Las castañas, a diferencia de las nueces, se tienen que usar en el momento para que queden bien. Una semana como mucho. Si no, quedan duras. O sea que, si uno las quiere aprovechar, apenas empiezan a caer, todo lo demás tiene que quedar relegado a un segundo plano. Las castañas se juntan con botas, refregando los pies contra ellas hasta que salgan del envoltorio pinchudo que las protege y ahi se agarran con las manos. Por suerte cuento con ayudantas porque si no esta labor se terminaba antes de ser empezada. Luego viene la eterna tarea de pelarlas. En casa usamos dos métodos. El de Anita, con el cual te clavás las cáscaras de las castañas entre las uñas, y el mío, con el cual te ampollás un dedo. Si las van a hacer, son libres de elegir el que más les convenga.
Una vez pasada esa etapa, se pesan, se ponen en una olla y se cubren con agua. Se hierven de diez a quince minutos. Se cuelan. Se vuelven a cubrir con agua, y otra vez diez/quince minutos de hervor. Luego otra vez más. O sea, en total, tres veces. Reservar.
En otra olla se hace un almíbar punto flojo (debe hervir ocho minutos) con 800gramos de azucar + 1litro de agua por kilo de castañas pesadas previamente. Cuando está listo se deja en el fuego, se agregan las castañas y se deja hervir diez minutos más. Luego se retiran las castañas y se van acomodando en los frascos previamente esterilizados, mientras el almíbar sigue cocinándose un ratito más. Luego se vierte en los frascos, de manera que cubra las castañas. Si se van a conservar mucho tiempo, está bueno hervir los frascos envueltos en repasadores o diarios para que no se golpeen entre si.
Él siempre recuerda y cuenta la misma anécdota de aquellas pascuas lejanas en las que estábamos sin un mango, para variar, y nos salvamos el otoño entero vendiendo frascos de castañas en almíbar. Creo que tenía la intención de repetir la experiencia, pero saben que? Ya llevó hechos más de veinte frascos, de los grandes, no de los de mermelada, de castañas, con todo el proceso que ello implica. Juntada, pelada, esterilizado, hervores varios, bla bla bla. Araña incluida, já! Tengo un ampollón en un nudillo y los dedos todos pinchados. Además, mis hijas aman las castañas. En especial Clarita, que podría sobrevivir toda la temporada comiendo solo eso si yo la dejara. Y Abril, que está en Cordoba, todavía no probó ninguna. Asi que decreté que esta vuelta, las castañas se quedan en casa, todas para nosotros, y para compartir con amigos especiales, pero nada de venderlas!






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martes, 8 de abril de 2014

Sábado y almibar punto flojo.

Al final, al atardecer, él y Anita se fueron al pueblo a buscarla a Clara y a hacer unas compras. A dedo.
Yo me quedé repulgando las empanadas y me acordé de esa botella con un resto de agua tónica que habita un estante de la heladera desde hace como un mes. O un poco más. No importa. Por que un día como hoy amerita un gin tonic aunque sea sin gas.
Mientras repulgo relojeo la pileta y escucho el centrifugado del lavarropas. Son casi las ocho y no doy más. Tengo una palangana azul casi llena de un agua oscura, y una sartencita con la que voy vaciando las piletas y llenando la palangana a medida que el lavarropas larga el agua y las llena.
Los caños se taparon al mediodía,  justo después de que él volviera del pueblo sin el auto que el mecánico nos había devuelto un día atrás, porque se volvió a romper. Me las arreglé lo mismo para armar un almuerzo, hacer siete frascos grandes de castañas en almíbar, preparar el relleno de las empanadas, terminar de envasar los primeros ramos de cedrón seco y creo que alguna cosita más, sin mayores inconvenientes. Aclaro que no me quejo por hacer estas cosas. Son parte del trabajo que elegí y amo hacerlas y el inconveniente de la pileta se resolvió provisoriamente de una manera muy fácil: fui lavando los platos y tirando el agua a un jarrito que después vaciaba en las plantas de afuera. Listo.
Estoy convencida de que los caños se taparon porque él y yo nos peleamos. El quería invitar amigos a tomar el té. O a almorzar. O a lo que sea. Mi casa es Kosovo pero en serio. Y mi cansancio se acumula en mis cervicales como si fuera un elefante. Él derribó la chimenea a martillazos y está construyendo una estufa rusa en el living. Todo está lleno de mugre, barro y polvo de ladrillos. A la perra le vino y como ya no sé que hacer, cubrí, donde la dejo subirse, con trapos enormes y donde no quiero que suba, con sillas, con lo cual nadie se puede sentar en ningún lado hasta que se le pase y  lave y acomode todo otra vez. La mesa del comedor está cubierta de ramas de cedrón que estoy envasando. Además, está todo repleto de unos muebles de mi cuñado que tenemos que cuidar pero como no sé donde meter están ahi apilados junto con cajas de cosas que trajeron de lo de mi suegra. La cocina, con castañas. El tejido por ahi, acompañándome a ver si avanzo con los gorros. Y por si no saben les quiero aclarar que pelar castañas es un dolor de ovarios. Más bien de dedos, pero bue.
En fín, hace falta explicar o justificar que no era el día de recibir gente? Yo creo que no.
Para complicarme un poco más el día, mientras escribía las tapas de los frascos con un marcador, me descubrí una araña en el hombro. Grande. Y negra. Y peluda. Y estaba en musculosa, aclaro. Yo; no la araña, no? Se imaginan la peor de sus pesadillas? Bueno, eso. Creo que mis gritos deben seguir retumbando en los tímpanos de todo ser viviente a un kilómetro a la redonda.
Cuando se me pasó un poco el susto decidí terminar de vaciar el canasto de la ropa sucia de una buena vez, y lavar esas cosas de lana que venía esquivando. Camellito, lavado J para lanas, click, listo. Un placer. Hasta que media hora más tarde escuchamos una catarata en la cocina y nos dimos cuenta de que el caño tapado no era el de la pileta si no el de un poco más allá y nos pusimos a levantar el agua con palas, baldes y demases.
Se me ocurre que debe haber un sapo atascado o alguna inmundicia semejante.
Ahora me entienden el gin tonic?
Y mis ganas de quedarme sola un rato?
Y no ver la hora de meterme en la cama, con mis empanadas, mi marido y mis hijas, todos juntitos a ver Notting Hill?

 [Todo es barro y mugre y Serafina]

 [Ya terminando, por fin]

[Creo que olvidé volver a mencionar esas cajas de libros, papeles, discos, etc que invadieron de pronto mi hogar]

 [La aspiradora, de adorno, ponele]

 [Comamos cedrón directamente, si?]

 [La palangana azul]

 [Me pregunto si alguna vez volverá todo a la normalidad]

 [Hola, querés venir a tomar unos mates mientras no te puedo dar bola y no te podés sentar?]

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viernes, 4 de abril de 2014

Formas de Amar

No me hace regalos porque si.
Ni para mis cumpleaños, ni para nuestros aniversarios.
De hecho estos últimos ni siquiera los registra, y eso que tenemos dos por año.
Tampoco para navidades, pascuas, día de la nada.
No me compra ni flores, ni bombones ni perfumes.
No me manda cartas ni me deja notitas sorpresa deseándome los buenos días.
No piensen que me resbala. O que no ha sido tema de discusiones o malas caras o llantos o insomnios.
Después de todo son tantos años...
Pero de pronto resulta que.
Un buen día vuelve de la verdulería y me trae una papa amor que eligió solo para mi!
Y entonces yo pienso en amar las formas de amar.
Tomando amar como aceptar, apreciar, abrazar. Y las formas, como las maneras profundas de expresarse y demostrar que tiene cada uno.
Porque en gran medida de eso se trata, no?


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martes, 25 de marzo de 2014

Pompons

Este verano Anita quiso empezar yoga. Obvio que me puse re contenta de que a su edad le interesara una actividad que, según mi humilde opinión, le puede cambiar la vida para siempre.
La profe, y no es porque sea mi amiga, es la mejor. Impecable. La recomiendo siempre.
Con ella hemos hecho mucho trueque, y en esta ocasión se lo volví a proponer. Lo que me gusta con ella es que los trueques son abiertos y tirando a espontáneos. Varían según lo que ella necesite. Puede ser pan, budines, pantuflas, rosales y plantines aromáticos, tejidos, etc. Cuando nos vemos, empezamos un ida y vuelta de agradecimientos que hay que obligar a cortar porque si no, pueden durar horas. Parecemos dos viejitas chinas haciéndose interminables reverencias. Me conmueve que ella se sienta tan agradecida cuando en realidad yo me siento tan  llena de gratitud de que me brinde la posibilidad de que mi hija pueda ir a sus clases, que para mi son el Harvard del Ashtanga.
En este caso me pidió ayuda con la decoración del cumple de su hijita, que es a fin de mes. Quería pompons de papel y además yo le ofrecí mini grullitas para regalar a los niños.
Todas las mañanas me hago el mate, pongo la radio, y dedico un rato a plegar y dar forma a los papeles que van a adornar la fiesta. Cincuenta pompons y las grullas que llegue.
Con amor.
Con gratitud.
Con alegría.





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jueves, 20 de marzo de 2014

Pasados por agua

Viernes por la mañana, con anuncio de lluvias previo, amanecer con chaparrones no nos sorprendió en lo más mínimo. Desayuno, tuppers con almuerzos, meriendas, uniformes, chau, se van todos, me quedo sola y me pongo a ordenar mi espacio de trabajo con mi mate, Serafina, y el ruidito de la lluvia.
Como a las diez me llama él para avisarme que tenía que venir a casa a buscar unas herramientas, y que si necesitaba algo. A los diez minutos me vuelve a llamar para decirme que el vado esta cortado porque el río creció tanto que pasa por arriba de la ruta. No me pude resistir; agarré el sombrerito que uso en vez del paraguas que no tengo, las zapatillas, la cámara con las pilas casi muertas, y partí corriendo por el barro. Por suerte a las dos cuadras me encontré con mi vecina María, su paraguas y sus mil anécdotas de antiguas crecidas de cuando yo no vivía acá.
Aparentemente por los años veinte el río creció tanto que se llevó gente, y hay un monolito en homenaje a los que murieron. En los ochentas otra crecida casi se lleva un auto y sus ocupantes. Este cuento es más cercano y fue presenciado por él y lo escuché una cantidad de veces que justifica ampliamente mi temor a las crecientes. Esa vez el río había crecido mucho más, y un Fairlane terminó bamboleándose en medio del vado, entre una roca gigante y un tronco de árbol, con el conductor y toda su familia en el techo pidiendo ayuda. Justo llegó La Capillense y el chofer, en calzoncillos, ató una soga al paragolpes del colectivo y procedió a salvar a todos. Según el, al padre lo dejó que se salve solo; por boludo. Ponele que estoy un poco de acuerdo. Cuando terminan de salvarse todos, y con ese característico sentido de la oportunidad, llega un patrullero tan rápido que al frenar se incrustó en la banquina. La realidad supera la ficción una vez más.
Por suerte esta vuelta la cosa no fue tan grave y a las horas ya dieron paso y todo volvió a la normalidad.
Y por lo menos las pilas me alcanzaron para cuatro fotos y un video corto.





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lunes, 17 de marzo de 2014

No sé si sabían

Pero en casi un año el concepto de felicidad puede variar hasta alcanzar dimensiones insospechadas.


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viernes, 14 de marzo de 2014

C L I N I C A de E M P R E N D I M I E N T O S

 La Clínica de Emprendimientos es un espacio de encuentro de emprendedores de distintos rubros y en distintas etapas de crecimiento, donde se analiza en forma grupal cada aspecto del negocio, se comparten experiencias, se debaten formas de abordaje de las dificultades problematizando el hacer del emprendedor y poniendo en funcionamiento instrumentos de gestión para optimizar los recursos existentes.
 Durante los encuentros (que serán los días martes de 18 a 21 horas) se trabajará en tareas concretas de reflexión, análisis y programación de cada temática del emprendimiento y se completará con tarea para desarrollar en la semana para el próximo encuentro.
 La clínica se dictará en PANAL, en el Barrio de Chacarita ( Roseti 451 Timbre 8), comenzará el día 25 de marzo y terminará el día 13 de mayo.
 Se realizarán 8 encuentros consecutivos.
 Los cupos son limitados.
Para consultar costo, forma de pago y realizar la inscripción, comunicarse al mail de PANAL: tallerpanal@gmail.com
 Para otras consultas seguimos por acá: chinamartino@gmail.com

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